El icono, pintura sagrada

Ayer quedó inagugurada y bendecida la recientemente sacralizada ‘Sala Santa Joaquina’, una de las primeras salas que se hicieron en la parroquia para  poder celebrar la fe en pequeña comunidad, y que responde a una invitación del Papa Benedicto XVI a ‘crear espacios adecuados en la parroquia para los alejados’ de manera que la belleza del entorno pueda también ayudarles en la fe.

En una celebración de vísperas presidida por el párroco, el P. Andreu, con cerca de cien asistentes de las distintas comunidades que habitualmente celebran en esta sala, el responsable del equipo de pintores del Camino Neocatecumenal, Juan Pablo Civil (responsable además de la 1ª comunidad de la parroquia) ofreció una explicación catequética completa sobre el icono de la Transfiguración que se pintó el pasado mes de julio, y que preside solmemente la asamblea.

Adjunto remitimos el recordatorio y una breve explicación de la composición del icono, así como una entrevista que Zenit.org realizó a Juan.

LA TRANSFIGURACIÓN –

“Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y les hizo subir aparte a un monte alto. Y fue transfigurado delante de ellos. Su cara resplandeció como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: –Señor, bueno es que nosotros estemos aquí. Si quieres, yo levantaré aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, de pronto una nube brillante les hizo sombra, y he aquí salió una voz de la nube diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. A él oíd.” Mateo 17,1-5

Cristo aparece en el esplendor de su gloria divina, simbolizada por el candor de sus vestidos. Jesús muestra en sí la naturaleza humana revestida de la belleza original.

Elías y Moisés, con las tablas de la Ley en las manos, respectivamente a la derecha y a la izquierda de Cristo, son los profetas que anuncian la venida del Mesías. Cristo, en el centro de los círculos concéntricos que representan las esferas del universo creado, habla con ellos de su pasión gloriosa.

El icono representa el momento en que Dios hace escuchar su voz desde la nube. La voz del Padre revela la verdad divina y turba a los apóstoles todavía completamente humanos. Hay un contraste entre la paz que circunda a Cristo, Moisés y Elías y el movimiento de los apóstoles en la parte inferior, que caen de la escarpada cima del monte. Pedro, a la derecha, está arrodillado; Juan, al centro, cae dándole la espalda a la luz; Santiago, a la izquierda, huye y cae hacia atrás.

Pedro maravillado por la visión, quería “establecer las tiendas” e instalarse en la Parusía, en el Reino, antes que la historia de la economía de la salvación llegase a cumplimiento. Pedro no recibe respuesta porque sólo a través de la cruz viene la Resurrección y el Reino.

Cristo se revela a los apóstoles en el esplendor de la gloria divina, para que no se escandalicen de su pasión ya cercana y comprendan que ésta es voluntaria.

Habla Juan Pablo Civil, uno de los integrantes del equipo de Kiko Argüello en la Almudena

MADRID, domingo, 9 mayo 2004 (ZENIT.orgVeritas).- Juan Pablo Civil, ingeniero químico y pintor, alumno de la Escuela de arte y oficios artisticos de Barcelona, se dedica desde hace 14 años al estudio del arte bizantino-ruso con formación en la escuela de Pskov (especializándose en la realización de iconos) y en Moscú (4 años), donde se ha especializado en la restauración de iconos (Centro GRABAR).

Aparte, Civil, miembro del Camino Neocatecumenal, ha colaborado con Kiko Argüello en la realización de grandes murales (Florencia, Piacenza y Madrid), y de forma individual ha pintado en los últimos 8 años otros 16 murales entre España e Italia.

 —Usted ha formado parte de la cuadrilla que ha ayudado a Kiko Argüello a pintar la Almudena. ¿Cómo ha sido este trabajo?

Hemos formado parte del equipo de colaboradores, nueve pintores y 15 ayudantes para atender a todo lo necesario en un trabajo de este tipo como es limpieza del espacio, limpieza de los materiales, ayuda directa en el mural, desplazamiento de los andamios, montaje de las distintas luces, abastecimiento materias primas, avituallamiento, organización de la comida diaria menos los días de ayuno, etc.

El horario ha sido muy amplio, o sea, desde las 8 de la mañana hasta las 21 o 22 horas todos los días, menos los sábados y domingos.

En la primera fase se realizaron los dibujos a carboncillo y en la segunda fase se procedió a pintar las imágenes, dejando los últimos 10 días para terminar los detalles. Pintábamos acompañados de música ortodoxa.

 —¿Por qué se ha elegido el arte iconográfico oriental para una obra de esta envergadura?

 En el mundo de las imágenes iconográficas, dentro de la tradición oriental, cuya cima se alcanza con Andrej Rublëv (1460-1540), el Espíritu Santo inspira a determinadas personas (iconógrafos), desde el siglo VI, imágenes que ayuden al hombre a poder contemplar la belleza que es Cristo a través de todas sus manifestaciones (Cristo, la Virgen, ángeles, santos), tanto es así que hay a lo largo de la historia varias imágenes por medio de las cuales se han obtenido milagros contrastadísimos.

Ya dijo san Juan Damasceno que «la palabra es al oído lo que la imagen es a la vista», con lo que vinculó la imagen -este tipo de imágenes- a la evangelización. Estas imágenes sagradas tienen poder de transmitir la fe. En el Concilio de Moscú (s. XVI), la famosa frase de san Juan Damasceno fue confirmada.

Conclusión: Todas las imágenes inspiradas por el Espíritu Santo a determinados iconógrafos y censadas a su debido tiempo por las autoridades de la Iglesia son las imágenes que, junto a los murales, forman lo que se llama «pintura sagrada» que no tiene nada que ver con la pintura religiosa.

En la pintura religiosa, típica de occidente (por ejemplo, la Capilla Sixtina), lo que prevalece es el arte que mostró el autor. En la pintura sagrada, la mayoría de los iconos y murales son de autores anónimos, y sólo la gran calidad y belleza de ciertas piezas han provocado las investigaciones correspondientes y el descubrimiento del autor.

Lo que hace Kiko es reproducir, aportando elementos de modernidad del siglo XX (Picasso, Matisse, Mondrian, Brake…), imágenes iconográficas según los cánones de la pintura sagrada. Y estas imágenes tienen una determinada tipología y no otra. De tal manera que, si el proyecto quiere transmitir un determinado mensaje evangélico, las imágenes son las que ya por su tipología se determinaron hace siglos.

Kiko eligió en su momento las imágenes que el Espíritu Santo inspiró a Rublëv. Por lo tanto es normal que en el ámbito de las Parroquias Neocatecumenales, seminarios, etc. se reproduzcan estas imágenes. Y en el caso de la catedral de Madrid ha ocurrido lo mismo, cambiando el formato en función del espacio.

 —Usted es también pintor de iconos: ¿qué diferencia esta técnica de la pintura religiosa en general?

 Se diferencia fundamentalmente en la técnica y en que, con las pequeñas variantes de los distintos autores, las tipologías son siempre las mismas. En la pintura religiosa esto no ocurre y la variación está sujeta no a la belleza inspirada por Dios a los iconógrafos, y por lo tanto sujeta a un canon, sino que está sujeta a la moda según la época y a la mano del autor.

 –¿Cómo se pinta un icono? ¿Por qué siempre son copias de la misma imagen?

La respuesta sería muy larga. La técnica adecuada es la témpera al huevo (canon) sobre madera preparada con carbonato cálcico y cola. Las imágenes son siempre las mismas, porque son las que fueron aprobadas por los distintos obispos y patriarcas, y responden al canon establecido.

De hecho, se han intentado hacer iconos modernos de gente supuestamente santa fusilada por Stalin, y no han sido aprobados por el patriarca de Moscú. Quizás un día puedan realizarse, pero de momento están suspendidos.

Además, el pintor tiene que tener una cierta disposición espiritual. Pintar un icono es un ejercicio religioso, una ascesis, que debe ser acompañada de oración y ayuno. No puede hacerse de cualquier manera.

–¿Por qué afirmó Argüello en la presentación de las pinturas que este tipo de pintura puede tener proyección ecuménica de cara a las Iglesias ortodoxas?

Kiko lo dijo porque el representante del patriarca de Moscú, invitado a la inauguración del mural de 500 m2 de Piacenza, elogió el trabajo y dijo textualmente (yo estaba presente), que con este tipo de trabajo se establecía un puente de unión entre la Iglesia de oriente y de occidente, y que Kiko podía ser muy bien un pintor de la Iglesia ortodoxa.

–¿Qué opina sobre la polémica desatada por las supuestas «copias» de la Almudena?

 En mi opinión, tras haber leído varios artículos, el núcleo de la cuestión no está ni en las pinturas ni en las vidrieras. Probablemente en alguna fobia que desconozco, acompañada de un profundo desconocimiento del tema. La dimensión de Kiko como artista está fuera de toda duda. No hay más que ver la reacción popular a la vista de los murales y de muchos críticos de arte. Podrá gustar o no gustar, pero la calidad es indiscutible.

En referencia a una crónica concreta aparecida ayer en un diario nacional, me produce tristeza ver tanta amargura concentrada en un artículo. Tengo experiencia de lo que pueden tergiversar y enmarañar ciertos periodistas determinados hechos (soy técnico químico especializado en industrias alimentarias, y recuerdo algunas cosas publicadas cuando ocurrió lo del síndrome tóxico) y mejor dejémoslo estar.

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