¿Qué es el Camino Neocatecumenal?

En la Iglesia antigua, en medio al paganismo, cuando un hombre quería hacerse cristiano, era invitado a hacer un itinerario de iniciación al cristianismo que se llamaba «catecumenado», palabra que viene del término catecheo, que significa «hago resonar», escucho.

 

Hoy estamos inmersos en una cultura que es contraria a los valores del Evangelio. Sobre todo a través de los medios de comunicación –prensa, radio y televisión- recibimos una «catequesis», podemos decir, del paganismo, que está acelerando cada vez más el proceso de secularización y que está llevando a tanta gente a abandonar la fe y la Iglesia. Por esto es urgente abrir de nuevo un itinerario de iniciación al Cristianismo.

 

El Camino Neocatecumenal –sobre el que he sido invitado a hacer una breve comunicación- se coloca en esta línea: de ayudar a las parroquias y a las diócesis a abrir un camino de iniciación cristiana al Bautismo, una catequesis para adultos secularizados, un instrumento al servicio de los Obispos.

 

Hoy día, casi en todas partes, las diócesis están intentando hacer una catequesis para adultos de tipo catecumenal. El Camino Neocatecumenal abre en las parroquias una iniciación cristiana de tipo post-bautismal, vivida en pequeñas comunidades, que quiere reforzar la fe de aquellos que están cerca y llamar a la fe a los alejados.

 

En la Iglesia primitiva el catecumenado estaba formado por una síntesis de Palabra (kerigma), Moral y Liturgia. La Iglesia antigua tenia, antes que nada, un kerigma, es decir, el anuncio del primum christianum, de aquello que da la fe. Dice san Pablo: «Dios ha querido salvar a aquellos que creerán a través de la necedad de la predicación» (1Cor 1, 21), en griego kerigma.

 

El kerigma nunca es un «sermón», ni una conferencia, sino que es una noticia que tiene el poder de realizar aquello que anuncia. Así sucedió en la Santa Virgen María: después de haber recibido el anuncio del ángel, fue cubierta por la sombra del Espíritu Santo y quedó encinta de Cristo, madre del Señor. Según los Padres de la Iglesia, la Santa Virgen es imagen del cristiano, que escuchando el anuncio del kerigma, queda él mismo «encinta» de Cristo y «madre» de Cristo: «mi madre… es quien escucha la palabra de Dios y la pone en práctica» (cf Lc 8, 21).

 

Este anuncio en la Iglesia antigua estaba hecho por apóstoles itinerantes, como Pablo y Silas y provocaba en quien lo escuchaba un progresivo cambio moral, gracias a la ayuda del Espíritu Santo. Dado que la noticia era que Cristo, que murió por nuestros pecados, ha resucitado de la muerte, ascendido al cielo e intercede por cada hombre que escucha el kerigma y envía del cielo la promesa, el Espíritu Santo. Así dirá Pablo: el Espíritu de Cristo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (cf Rom 8, 16).

 

Entonces, anuncio del kerigma y cambio de vida eran sellados por los sacramentos; concretamente por el Bautismo, que venía dado por etapas, por lo que la iniciación cristiana en la Iglesia primitiva aparece como una gestación a la vida divina.

 

Cuando en los siglos sucesivos desapareció el catecumenado, esta síntesis kerigma-cambio de vida-liturgia, fue a menos: el kerigma como llamada a la fe que implica una decisión moral, ya no existirá y se trasformará en catecismo, en «doctrina». La moral se convierte en «foro interno», o sea en un hecho privado. La liturgia separada del iniciación pasará a ser igual para todos y se aleja de la vida.

 

Hoy, si queremos abrir un camino de evangelización para el hombre contemporáneo, debemos recuperar esta síntesis de kerigma, cambio de vida y liturgia.

De frente al peligro de la apostasía de tantos bautizados y a la urgencia de anunciar el Evangelio a esta generación, nosotros –como he dicho durante el Sínodo especial para Europa- pensamos que sería importante, después del Jubileo del año 2000, que la Iglesia pensara en la posibilidad de construir una comisión pontificia para ayudar y promover el anuncio del kerigma y la iniciación cristiana de adultos en la actuación de la nueva evangelización.

 

Son necesarios hoy nuevos heraldos del Evangelio que, como los primeros Apóstoles, recorran el mundo sin bolsa ni dinero. Es necesario que de nuevo S. Francisco de Asís, S. Domingo de Guzmán, S. Ignacio de Loyola…, caminen por el mundo, anunciando a los hombres la gran noticia que la muerte ha sido vencida por Cristo para todos, mediante el don de la vida eterna en el corazón de los hombres!

 

El Camino Neocatecumenal -reconocido por el Santo Padre como «un itinerario de formación católica, válido para la sociedad y para el tiempo de hoy», siente la urgencia de ponerse al servicio de la Iglesia para la realización de la Nueva Evangelización del mundo contemporáneo.

 

 

Kiko Argüello

Iniciador, junto con Carmen Herández, del Camino Neocatecumenal

Roma, 6 de Noviembre de 2000

Intervención en el Sínodo de Obispos para Europa

 

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