Catequesis de Confirmación

El diálogo que Dios entabla con nosotros por medio de los sacramentos es un diálogo transformador, vivificante. A quienes toman en serio ese diálogo, se les va transmitiendo la vida de Dios. Debemos cuidar, fortalecer y nutrir esa vida, poderosa en sus raíces, pero frágil y amenazada constantemente.

El sacramento de la confirmación es para cada fiel cristiano la plena investidura de una misión a favor de la Iglesia y del mundo.

Podemos llamar cristiano adulto a quien sabe a asumir sus responsabilidades en el seno de la Iglesia y toma parte activa en la edificación del Reino de Dios. Por la efusión del Espíritu Santo, el creyente que ha recibido el sacramento de la Confirmación hace un altar en cualquier actividad de su vida diaria. Sobre ese altar él se une al sacrificio de Cristo para introducir en el mundo el amor del Padre. Así, el Espíritu se manifiesta en el cristiano a través del testimonio activo y lo hace progresar hacia la Eucaristía, culmen del misterio pascual, con las manos ricas en dones de alabanza.

Por la Confirmación, el Hijo encarnado de Dios nos comunica la misma misión que el Padre le dio a El: dejarnos guiar por el Espíritu Santo, para hacer visible en este mundo su amor infinito.

La Confirmación es un sacramento íntimamente unido al del Bautismo.
Es una especie de desdoblamiento de éste para significar de que se trata de un bautismo en el mismo Espíritu con el que fue ungido Jesús. ¨ El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres (Lc. 4, 18). La unción de Jesús, en continuidad con la unción de los reyes del Antiguo Testamento, le capacita para ser el defensor y el salvador de los pobres (ver Sal 72, 1-75). El comunica su mismo Espíritu a los Apóstoles en Pentecostés (ver He 2, 4). Y ellos, a la vez, lo comunican a los creyentes.

Es tarea de la catequesis el subrayar esta conexión bautismal de la Confirmación.
El sacramento de la Confirmación implica la participación activa en la dinámica comunitaria y misionera de la Iglesia. Esto implica que la comunidad sea capaz de hacerle un lugar al confirmado, de reconocer la acción del Espíritu Santo en él, de darle voz y responsabilidades en el interior de la comunidad, de escucharle y valorar sus aportaciones.

El sacramento de la Confirmación comunica en plenitud al Espíritu Santo, que es el Espíritu de los tiempos nuevos y ahora debemos ser testigos de Cristo en la Iglesia y el mundo.

Como indica la Iglesia las comunidades parroquiales deberán organizar cursos de catequesis sobre la Confirmación en los que los futuros confirmados sean convenientemente instruidos (ver CDC 889.2; II SDG disposición 21). Así, un equipo de catequistas formado por varios matrimonios de la parroquia y acompañados por un presbítero se encargan de formar y preparar, mediante unas catequesis, a aquellos miembros de la parroquia que piden recibir el Sacramento de la Confirmación.

 

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