En Barcelona quedó marcada para siempre la vida de Carmen

Carmen siempre se ha sentido muy ligada a la ciudad de Barcelona, donde estuvo viviendo antes de conocer a Kiko, durante los años 60, en un tiempo que marcó su vida de manera determinante. Para ella, como ha dicho en diversas ocasiones, el Camino nació en Barcelona, cuando a través de diversas circunstancias entró en contacto con la renovación del Concilio y el descubrimiento del misterio pascual.

Aquí un extracto de su propia experiencia contada durante la convivencia de transmisión de 1994:

«Cuando estaba a punto de embarcar para la India, sin comerlo ni beberlo me llaman a Barcelona. En Barcelona el Sr. Arzobispo que estaba aterrorizado de lo que estaba pasando, porque él es el que había conseguido que estas Misioneras de Cristo Jesús, en poquísimos años fueran de Derecho Pontificio, que no pertenecían a la Congregación de Religiosos sino a Propaganda Fidae directamente para las Misiones. Porque era muy amigo de Pío XII, D. Marcelino Olaechea, y consiguió todas las aprobaciones muy rápidamente.

Entonces, lo importante que digo yo de Barcelona para el Camino es esta kenosis profunda. Yo me acuerdo que me iba al Museo Marés, un Museo que hay en Barcelona todo de crucifijos románicos maravillosos que coleccionó este Sr. Marés: de Zamora, de Ávila, de Sevilla y de todo España. Y yo me iba allí al Musero Marés y lloraba de emoción viendo la cruz, mas me inundaba una gran paz a pesar de las lágrimas –son todo crucifijos en que se ve a Jesucristo reinando sobre la cruz- por lo que me estaba a mí misma pasando, porque era incomprensible –como ellas mismas ahora lo dicen, y lo dijeron, que no nos habían echado, que nos salimos nosotras- porque es que era algo que no cabía en la cabeza; porque en el Noviciado sí que te pueden echar si no les gustas, pero después de 8 años que llevábamos allí tiene que ser con cosas graves que pone el Derecho Canónico. Así, el P. Morán, Catedrático de Moral de Barcelona, les estaba diciendo: estáis obrando contra el Código. Y el mismo Arzobispo de Valencia se presentó un día en Barcelona a defenderme. Y el que era entonces Arzobispo de Barcelona, que era Mons. Mondreo, un día fui a hablar con él y me recibió, y me consoló y apoyó mucho. Yo me iba siempre alrededor de la Catedral con este problema que tenía, porque ellas no querían echarnos sino que nosotras nos saliéramos, como lo hicieron con la primera que fue una Fraga, que era inteligentísima. Es ésta que ha contestado tanto a su hermano, una Fraga Iribarne. A ella la dijeron que era maravillosa, pero que se saliera. La cosa es que ella tenía una vocación para la China enorme. Como su madre sabía francés, sabía lo de Richi, y ella siempre quería irse a China. La dijeron que era maravillosa pero que Dios la quería para otra cosa, y así ella se fue a Marsella para embarcarse a la China.

La cuarta fui yo, que de mí dudaron mucho más. Pero yo el día que llegué a Barcelona, que me llamó el Arzobispo desde Valencia, me dijo: humíllate hija mía. Yo le digo: Padre, no se trata de humillación sino que aquí me tienen ya sentenciada a muerte y firmada la sentencia. Pero aún así, dudaron de echarme a mí un año entero, ese año entero que yo he estado allí.

Así este año, el 62, fue para mí una gracia enorme de entrar en la Pasión de Jesucristo. Esto es emocionante contarlo, pero no se puede contar lo que es que dentro de ti se realice la pasión de Jesucristo; es una experiencia que es –aunque parece lo contrario- la mejor que existe. Os lo digo de verdad, que yo jamás he experimentado tanto a Dios como en la cruz. Cómo además esto me lo había prevenido el Señor.

Y Dios quiso que yo encontrara, en medio de esta pasión que yo padecía allí -porque no sabes lo que es que te echen, que quedas en ridículo. Mi padre que me perseguía hace 8 años, había yo hecho las paces con él en el aeropuerto de Londres; con todo el follón que yo había organizado con mi familia, que mi padre estaba sin hablarme años- te echan a la calle. O sea que yo he vivido lo que es venir de Londres a Barcelona con la promesa, con Isaac, y yo sabía que subía al Monte Moria. Con esto el Señor me ha hecho vivir todo lo que yo sabía de las Escrituras, todo lo he experimentado en la propia carne. Y es que con la promesa que yo había tenido desde pequeña, que era mi destino, mi futuro, darlo allí sin saber a dónde vas ni qué va a ser de ti.

Pues allí, en esta humillación y en esta pasión, en el Gethsemaní de mi vida, Dios me puso un ángel que fue el P. Farnés. El P. Farnés venía entonces del Instituto Litúrgico de París y tenía en mano todo lo que suponía la renovación litúrgica y teológica del Concilio, porque ese Instituto ha influido mucho en toda la preparación del Concilio con profesores como D. Botte, Bouyer, etc. Y Dios quiso que yo estuviera ese año allí, porque allí pasé de mis devociones eucarísticas -que por gracia de Dios también las he tenido desde muy pequeña-; yo no he dejado una comunión por nada del mundo, así fuera a la Universidad. Me acuerdo que en los Sacramentinos cuando no me daba tiempo de quedarme a la Misa, comulgaba y escapaba como una bala. En todos los viajes que mi padre me ha hecho hacer para quitarme la vocación, por ejemplo a Casablanca que era dificilísimo encontrar una Iglesia, yo no dejaba de comulgar, pero siempre Jesucristo que venía a mí. De allí pasé yo, por la experiencia de muerte que tenía, a que comulgar era comulgar con la muerte de Jesucristo para hacer la Pascua a la Resurrección. Allí entendí yo, a través de lo que me estaba pasando, lo que era toda la renovación Conciliar de la Eucaristía, de la Pascua, de la liturgia; con Farnés que nos daba clases todos los días.

Y digo esto porque de esta Pascua y de la Eclesiología nueva, que es la Iglesia como luz de las naciones y no como sitio donde el que no entra no se salva, todo lo que es el esquema de la Catequesis, está vivido y experimentado por mí vitalmente, no como una lección, en Barcelona»

Experiencia completa en:http://www.oocities.org/elneocatecumenado/carmen.htm

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