Experiencia después de 5 años de Seminario

Me llamo Isaac Ubach, tengo 28 años y he vivido mi fe durante muchos años en la parroquia de Santa Joaquina de Vedruna. Fue ahí, en el seno de una comunidad donde me encontré con Jesucrito Resucitado y donde pude empezar mi proceso de maduración en la fe gracias a una iniciación cristiana -cual es el Camino Neocatecumenal- por la que los Carmelitas añaden a sus múltiple frutos otros muchos derivados de este itinerario catequético.

Es en referencia a esto último por lo que escribo unas líneas para la web parroquial. Quiero haceros partícipes de lo que Dios ha hecho conmigo en estos últimos seis años, con la ventaja que procura la perspectiva del tiempo, y con el agradecimiento que me provoca que Dios haya querido que sea espectador de tantas maravillas. Una de las más evidentes es el edificio en el que vivimos. Cuando llegamos a León los ocho primeros seminaristas comenzamos a vivir de dos en dos en las casas de familias del Camino Neocatecumenal, acogidos como hijos y sorprendidos de que viviendo en la inseguridad de la providencia pudiéramos disfrutar de tantas gracias.

Dos años después, un hombre de una parroquia de Valladolid, cuyo patrón comparte con nuestro seminario y movido por la misión intercesora de San Agustín, decidió dejarnos su herencia. ¡Justo el dinero que necesitábamos! Así fue como pudimos hacer frente a las importantes obras de rehabilitación que remodelaron una parte del antiguo seminario menor que, cual ave fénix, veía resurgir de sus cenizas la alegría que antaño recorría sus pasillos. Sin embargo, el seminario no es el lugar, sino la comunidad educativa.

Así que mayor maravilla son las vocaciones que alberga este seminario. Somos ya 20 seminaristas de 10 nacionalidades distintas y, pese a las dificultades corrientes que conlleva la vida en común, cada hermano es una ayuda para reconocer nuestra incapacidad de amar, nuestra soberbia, nuestro egoísmo… y es una ayuda para reconocer también la acción del Espíritu Santo en nosotros cuando nos pedimos perdón, podemos servir a los demás y podemos humillarnos. La precariedad también es una ayuda para reconocer la providencia de Dios en nuestro seminario. Cada mes Dios mueve el corazón de alguien que nos ayuda justo con lo que necesitamos. Como el pueblo de Israel que recogía el maná en el desierto, nunca nos sobra, pero tampoco nos falta. Todo ello nos prepara para ser enviados incluso a las zonas más secularizadas. No obstante, nuestro cariz misionero no ofusca nuestra labor pastoral en la diócesis.

Actualmente, algunos de los seminaristas están yendo a las parroquias de León a hacer el servicio de acólitos los domingos. Otros hemos sido distribuidos para hacer celebraciones de la Palabra en ausencia de presbítero a pueblos pequeños de la diócesis, que es eminentemente rural.

Todo ello lo vivo enmarcado en mis raíces, que son mi familia, la Parroquia de Santa Joaquina de Vedruna y mi comunidad, que llevo en mi corazón. Poco a poco me preparo para una gran misión. Rezo para que la parroquia siga fructificando como hasta ahora, con las familias en misión, presbíteros, catequistas…. Rezo también por la comunidad de carmelitas de Barcelona, su solicitud por todas las iglesias y su celo, siguen llevando a Cristo a todo el mundo.

Isaac Ubach

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